El placer de comer con los 5 sentidos

¿Por qué unos sabores nos gustan y otros nos desagradan? ¿Por qué ciertos alimentos nos disuaden por su aroma, mientras que otros nos hacen salivar? ¿Podría decirse que saboreamos con el cerebro? ¿Que comemos con los ojos Uno de los binomios que los científicos investigan con más interés es el formado por el paladar y el cerebro. También algunos chefs, como no podía ser de otro modo, investigan en este campo para sorprender a sus comensales con nuevas experiencias gastronómicas.  La conexión entre comida y sensaciones es apasionante. Por eso hoy en el blog de LOUIT queremos dedicarle unas líneas.

La neurogastronomía, toda una ciencia

La disciplina que trata de comprender cómo el cerebro crea una realidad partiendo de una experiencia culinaria se conoce como neurogastronomía. Es, para entendernos, la manera de buscar una explicación al hecho de paladear con el cerebro.

Sabor = percepción + experiencia

Aunque en cada momento cada persona tiene una sensación y una percepción de un alimento, esta siempre se encuentra relacionada con lo que dicha persona ha vivido antes. Nuestras experiencias previas y recuerdos son datos que nuestro cerebro organiza y maneja y, además, combina con la percepción sensorial. Por eso puede ocurrir que de la forma más inesperada un sabor de hoy desentierre un recuerdo gustativo que creíamos olvidado y nos transporte, por ejemplo, a nuestra infancia. Seguro que te ha sucedido alguna vez.

Comer es un acto creativo

En la percepción y sensación de los alimentos intervienen la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído. Sí, el oído también, aunque no lo creas. De hecho, chefs como Sánchez Romera aseguran que oír el sonido de la comida acentúa el placer que nos provoca comerla. Los cinco sentidos emiten una información que, combinada con nuestro bagaje personal, determina cómo degustamos un alimento. Por eso hace tiempo que dejamos de comer solo por necesidad. Ahora lo hacemos también por placer. Y si no que nos lo digan a los foodies.

Para terminar este post, nada mejor que un postre. ¿Cuántas veces has dicho “no puedo más” y has acabado comiéndote un pedazo de brownie o una porción de tarta de queso? Eso sucede porque cuando nos sentimos saciados, si le introducimos a nuestras neuronas un elemento nuevo, distinto, dulce, estas retoman su actividad, gracias a la dopamina, y dicen “¡estabas saciado de pasta al peso, pero no de chocolate!”. Por eso siempre hay hueco para el postre.